El plan estratégico y la crisis
¿En época de crisis hay que anular el plan estratégico de la empresa?
Jorge Tarragona
Gerente de Expomobi
Miembro de Forum Millora Continua
Claramente NO!
Lo que debe hacerse es adaptarlos a la nueva situación. Probablemente los objetivos a largo plazo (10-25 años) deban pasar a segundo término, sin ser olvidados, y ser sustituidos en cuanto a máxima prioridad por otros “más operativos” y a corto, pero sin olvidar que como se sale de la crisis (si se sale) marca el futuro.
Los planes estratégicos son una herramienta de toma de decisiones y alineación de toda la organización. Cuando las circunstancias cambian de forma brusca y no prevista hay que continuar tomando decisiones y alineando a la organización; y probablemente más que nunca. Por lo tanto el plan estratégico continua teniendo plena necesidad de existencia.
Lo que el plan estratégico no puede ser, y menos en una época de crisis, es una recopilación de documentación y decisiones aisladas. La planificación estratégica consiste en la toma de decisiones, tras el análisis correspondiente.
El plan estratégico en épocas de crisis ha de tener en cuenta, entre otras cosas, que: • La caja pude ser el principal número crítico. • Las crisis no afectan a todos por igual ¿Cómo nos podemos “beneficiar” de ella? • Es sobre todo en las crisis donde se marcan las diferencias.
Un buen plan estratégico cabe en una cuartilla. Y mucho más en épocas de crsisi en las que hay que concentrar las prioridades.
Por último recordar, como dijo Napoleón Bonaparte, que “la estrategia es un arte sencillo; el mérito está en la ejecución.
Enric Paredes
Socio Director de GPM Auditors Associats
Miembro de Forum Millora Continua
1. SITUÉMONOS
Antes de responder a esta cuestión, creo que primero tendríamos que responder a las siguientes cuestiones:
• ¿Sabemos qué es un Plan estratégico? • ¿Se ha formulado dentro de la empresa algo que se le parezca? • ¿Responde a la pregunta qué queremos ser cuando “seamos mayores”? • ¿Tenemos los elementos suficientes para ponerlo “en marcha”? • Y lo último (y quizás lo más importante) ¿cree la organización en este plan estratégico?
Una vez obtenida la respuesta a estas cuestiones, es cuando podemos concluir que más que anular nada, lo que tenemos que hacer es reformular nuestra propuesta de Plan estratégico, planteándonos si está alineado con esta nueva situación que estamos viviendo, difícil, delicada y solo apta para los más preparados.
Comentar de pasada que parece que solo las grandes organizaciones pueden ostentar el lujo de tener un Plan Estratégico…¡ni mucho menos! Cualquier organización (sea empresarial, no lucrativa o del ámbito que sea y del tamaño que sea) ha de tener definido su Plan Estratégico. Y definido de una manera más o menos precisa, pero definido como aquel punto al que quiere llegar la empresa y los recursos (materiales, humanos y tecnológicos) que va a necesitar para alcanzar esa meta.
2. REFORMULEMOS
Y esta reformulación de nuestro Plan Estratégico, entendida como adaptación a los nuevos tiempos ha de ser hecha con:
• VALENTÍA. La que se precisa para acometer un cambio de referente en los paradigmas y planteamientos que regían las relaciones económicas. Valentía que también implica tomar aquellas decisiones que habríamos de haber tomado antes y que o bien por comodidad o bien por cobardía no tomamos en su día.
• PRECISIÓN. En estos momentos “ha de hilarse fino”. Los planteamientos sobre presupuestos económicos no pueden ser aproximados ni voluntaristas, han de ser adecuados y precisos. Precisión que ha de llevarnos a la exactitud en nuestras proyecciones.
• EFICIÉNCIA. La consecución de objetivos ha de estar adaptada a los recursos destinados. Se ha acabado “matar a las moscas a cañonazos”. Parte de la precisión que hemos comentado en el punto anterior ha de ser destinada a la obtención eficiente de nuestros objetivos.
• VISIÓN DE FUTURO. Quizás sea bueno recordar que el mundo no se acaba, ni que de golpe hemos pasado de ser la “cream de la cream” a unos pordioseros. Los momentos no tan buenos pasan, y como decía aquél “cada día que pasa es un día menos para llegar a la mejoría”. Es por esto, que hemos de tomar las decisiones con el criterio de que deberán ser válidas para un futuro próximo. Las posiciones cortoplacistas tienen bastante culpa de haber llegado a la situación en que estamos. Guardando la calma, reflexionando “en frio”, planteando las opciones con la repercusión que tengan “a futuro” seremos capaces de optimizar la solución a nuestros problemas.
3. CONCLUSIÓN
La adaptación de nuestro plan estratégico en estos tiempos de movilidad e incertidumbre ha de ser hecha con visión y fuerza, promoviendo la consecución de los objetivos de la organización de una manera clara y precisa y con la utilización de los recursos necesarios.
Creo que al final tendríamos que llegar a un sinónimo de Plan Estratégico que fuera algo así como “EN BUSCA DE LA EFICIÉNCIA PERDIDA EN LA EMPRESA” ¿Qué les parece?
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